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Opinión

Ante la pregunta: ¿por qué no saldré a marchar el 4 de febrero?

Klaudia Girón, profesora de Psicología de la Universidad Javeriana

Sábado 26 de enero de 2008

El mensaje respondido:

Hugo Hernán Aparicio Reyes No lo olviden, el cuatro de febrero, a marchar por el ¡NO A LAS FARC! para garantizar que Fundación Cese al Fuego pueda seguir ejerciendo su derecho a opinar contra las marchas.

Estimado compatriota: Yo soy psicóloga egresada de la universidad de Los Andes con maestría en la Universidad Católica de Lyon, en Francia, y profesora de Psicología de la Universidad Javeriana. Me atrevo a escribirle porque me llegó este mensaje suyo a mi correo. No sé si usted malinterpreta lo que dice el mensaje de la Fundación Cese al Fuego, clasificándolo dentro de esos panfletos de la izquierda que de una manera ideologizada se hacen los de la vista gorda frente a los crímenes de la guerrilla. A mi modo de ver, el mensaje de la Fundación Cese al Fuego -que comparto- no niega la atrocidad de los crímenes que comete la guerrilla, sino invita a hacer una reflexión más profunda acerca de lo que está ocurriendo.

La postura de muchos colombianos "de bien" (que pensamos diferente a usted) al rechazar la participación en la marcha del 4, no obedece a una posición maniquea ni de doble moral, sino a que analizamos las cosas más allá de la coyuntura mediática, pues, por si no lo sabe, aunque no aparezca de manera tan visible en los medios masivos de comunicación, hay otros actores armados (legales e ilegales) involucrados en el conflicto interno, que, además de las guerrillas, en el presente continúan (nunca han dejado de hacerlo) perpetrando actos violatorios de los Derechos Humanos contra diferentes sectores de la población civil. TODOS los actores armados, legales e ilegales, violan el principio de distinción entre combatientes y no combatientes, afectando la vida y la dignidad de la población civil. Tanto el Estado colombiano -a través de sus fuerzas armadas y de inteligencia- como los paramilitares y las guerrillas de las Farc y el ELN, violan el Derecho Internacional Humanitario de manera sistemática y generalizada.

Por eso comparto con muchos la opinión de que la marcha del 4 no contribuye a poner de presente que las víctimas de la violencia política en nuestro país no son solamente los secuestrados y sus familias, pues como dije anteriormente, hay muchos sectores de la población colombiana que sufren los efectos directos e indirectos de la violencia.

El terrible drama a las víctimas del secuestro siempre (y no sólo ahora, en la coyuntura actual) me ha conmovido profundamente, y me ha motivado, junto con muchas otras personas de la academia, de las ONG defensoras de los derechos humanos, y de la izquierda democrática, a condenar el secuestro de manera irrestricta, y a apoyar de manera pública las demandas de los familiares de los secuestrados, a muchos de los cuales conozco personalmente, pues cada semestre los invito a mi clase de psicología social en la Universidad Javeriana para hablar sobre su posición frente al acuerdo humanitario en lugar del rescate a sangre y fuego que promueve el gobierno.

Me preocupa mucho que la gente en Colombia no se informe sobre lo que pasa en el país, no conozca las dinámicas regionales del conflicto, no vaya más allá de lo que dicen los medios y piense que la violencia de Estado es cosa del pasado o está relacionada con la Historia de las dictaduras de los Países del Cono Sur, que es lo que más se conoce aquí, a partir de películas como "La noche de los lápices". La gente no consulta ni siquiera la página de la Defensoría del Pueblo, ni mucho menos las de la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, o la de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas.

Por comodidad, prejuicio o ignorancia, la gente prefiere pensar que quienes hablamos de la responsabilidad del Estado (con o sin la complicidad de los paramilitares) por acción u omisión en violaciones a los Derechos Humanos, crímenes de guerra o crímenes de lesa humanidad -como la desaparición forzada, la tortura, las ejecuciones extrajudiciales, las masacres selectivas- somos "izquierdistas" (panfletarios, "mamertos" y resentidos) que no condenamos los crímenes de la guerrilla con la misma vehemencia, o, en el peor de los casos y a la manera del presidente Uribe, "que calumniamos al Estado con infundios y mentiras malintencionadas".

La mayoría de la gente ni sabe, ni quiere saber, más allá de lo que dicen los medios. La gente no sabe o no quiere saber que en el mes que va corriendo de este año -hasta hace semana y media, y en los hechos que hasta ahora se registran o se conocen- los paramilitares han desplazado a 120 personas, asesinado a 13 y desaparecido a 9. La gente no conoce que en el Informe sobre Ejecuciones Extrajudiciales, presentado a finales del año pasado por una Comisión de expertos internacionales en noviembre de 2006, se estableció que durante el gobierno de Uribe se han presentado 1.000asesinatos selectivos de personas que son mostradas como "guerrilleros muertos en combate" -que no son otra cosa que falsos "positivos"-

Como profesional (me imagino que lo es) usted no se ha preguntado ¿por qué la gente no registra la gravedad de otras noticias que no sean las del secuestro? Por dar sólo algunos ejemplos, que a mi modo de ver son contundentes: Cuando apareció la noticia de que se han encontrado más de 3.000 fosas comunes, la mayoría con más de dos cuerpos de personas desmembradas por los paramilitares, no hubo una reacción de carácter masivo similar a la que se está generando a partir de la difusión de los videos de supervivencia (que muestran las condiciones infrahumanas del cautiverio de los secuestrados); tampoco hubo ninguna reacción de índole nacional cuando a lo largo del año pasado se publicaron reportajes basados en las confesiones públicas en las que algunos de los paramilitares que se han "sometido" a la Ley de "Justicia y Paz", y que en aras a la lucha "contrainsurgente", afirman haber matado entre 200 y 500 personas cada uno, o, como en el caso de Alias "El Iguano", 2.000 personas (léase: Dos Mil). ¿Cree usted que en la actual coyuntura la sensibilidad colectiva frente al drama del secuestro surge como una respuesta "natural y espontánea" de los ciudadanos? En caso de que lo crea, ¿no sé pregunta entonces el por qué de ese contraste entre dicha respuesta "espontánea de repudio de las masas contra los terroristas de las FARC y el ELN" y la ausencia total de respuesta frente a hechos igualmente monstruosos y éticamente condenables como los que han cometido y continúan cometiendo los paramilitares "desmovilizados"?

Le pongo otro ejemplo meno escabroso y mucho más reciente, como el hecho de que un oficial de mando medio de la Policía hace tres días denunció que ha recibido amenazas de muerte a raíz de que denunció que su superior estaba presentando como guerrilleros muertos en combate a varios civiles asesinados en La Gabarra, en el Departamento de Santander. La respuesta del superior ante las cámaras fue que el oficial mencionado fue llamado a dejar su cargo debido a que sufre de trastornos mentales que lo llevaron a cometer fallas disciplinarias. Desde el sentido común no se pregunta usted ¿por qué los medios en lugar de seguir indagando sobre los hechos denunciados por el oficial, se conforman con dar la última palabra a su superior, poniendo un manto de duda sobre las denuncias del primero? ¿Qué implicaciones cree que tiene el hecho de que no se relacionen los hechos, aparentemente aislados, que apuntan a demostrar que la política de "seguridad democrática" se ha valido de métodos criminales como las ejecuciones extrajudiciales para mostrar cifras de "positivos" ante la opinión pública?. Lo invito a que lea el Informe del Comisión Internacional de expertos sobre este tema.

A grosso modo, para no entrar en más detalles, a mi modo de ver, la gente en Colombia no repudia ninguno de estos hechos, en primer lugar, porque la mayoría de la gente vive el día día tratando de sobrevivir, ni se entera de lo que está sucediendo fuera de las pantallas del TV, ni mucho menos tiene tiempo para analizar las noticias y relacionarlas con su propia cotidianidad, generalmente plagada de dificultades relacionadas con la ausencia de garantías para tener una vida digna. En segundo lugar, porque a través de los medios masivos de comunicación y las instituciones públicas que generan credibilidad frente a la gente, se ha ido configurando una idea bastante sesgada por la visión oficial, de las causas y consecuencias del conflicto armado interno. Los colombianos nos hemos acostumbrado a asimilar la versión oficial de los hechos y a naturalizar la violencia y el abuso de la "fuerza legítima" del Estado. De lo anterior se desprende que a partir de esa imagen desfigurada del conflicto, se ha ido configurando un país cada vez más desinformado y aterrorizado, en el que, después de más de 6 generaciones de colombianos que hemos nacido en el contexto de la guerra, nos hemos habituado a ver morir asesinados en la más absoluta impunidad a muchos de nuestros compatriotas por el hecho de pertenecer a la oposición política, o por tener una posición crítica y denunciar los crímenes atroces vengan de donde vengan.

Una vez asimilada esa cadena histórica de violencia aleccionadora que es el caldo de cultivo para la polarización política y social, los colombianos hemos interiorizado la impotencia y nos hemos acomodado al estado de cosas, pensando que el problema de la violencia es un problema de los actores armados, sobre todo, de las guerrillas. El corolario de esta situación es que a muchos sectores sociales les da miedo que los acusen de "izquierdistas", y por eso prefieren jugar a lo "políticamente correcto" desde la perspectiva del Estado, asumiendo -según ellos- una posición crítica que consiste en "condenar públicamente a "los violentos"......En Colombia al parecer "los violentos" son sólo los de la extrema izquierda.....!!!Qué comodidad, y qué mediocridad!!!

Me entristece que alguna gente que se considera demócrata, sensible y pensante no sepa leer lo que está pasando y no se dé cuenta de la manipulación que conlleva la marcha del 4 de febrero, que a mi modo de ver es una marcha del odio y no una marcha por la paz. Pero como demócrata que soy, respeto a quienes argumentan que van a salir porque, al igual que yo, condenan los actos atroces de la guerrilla.

Yo saldría únicamente si se condenaran, desde una perspectiva ética, sistémica, TODOS los actos atroces cometidos por TODOS los actores involucrados en el conflicto, incluido el Estado. Por eso el día de la marcha promovida por el gobierno de Uribe, me voy a quedar encerrada (sitiada) en mi casa viendo pasar las marchas multitudinarias por las pantallas del Televisor, pensando qué más podemos hacer desde las márgenes para desmarginalizar el tema de los derechos humanos en este país del sagrado corazón.

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