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Opinión

SOBRE FACEBOOK Y OTRAS MANIPULACIONES

Claudia Julieta Duque

Viernes 1ro de febrero de 2008

Otra vez esta Colombia convulsionada ha sido, aparentemente, impulsada a la protesta. Pero no a una protesta racional y pausada en contra de todos los actores de la violencia y en favor de la paz (la cual, digámoslo sinceramente, tampoco serviría de mucho), sino "contra las FARC", guerrilla señalada, sino como la única, sí como la principal culpable de todos nuestros males, porque se trata de una guerrilla terrorista y narcotraficante y secuestradora y torturadora y desalmada y degenerada, y demás epítetos interminables.

Nuevamente, gracias a un par de usuarios del portal de Facebook, que tiene entre sus socios principales a miembros de las 16 agencias de inteligencia de los Estados Unidos y que fue creado como una verdadera herramienta de espionaje militar en Internet (al respecto ver: http://www.guardian.co.uk/technolog...) hoy se nos dice que debemos salir a marchar, y que el objetivo de la manifestación es "claro", "específico" y, lo que es más cínico, "sin orientación política alguna".

No obstante, pese a lo apolítica de la marcha, todo el que ha salido a decir que no manifestará ha sido tildado, en unos casos en forma velada y en otros directa y agresivamente, de simpatizante, cercano, perteneciente o con algún "oscuro nexo" con la guerrilla de las FARC.

Siguiendo esa lógica, en Colombia tendría que encarcelarse a, por ejemplo, toda la ciudadanía del departamento del Huila -de donde es oriunda la recién liberada ex congresista Consuelo González- su Gobernador y el nuevo alcalde de Neiva, al Gobernador del Caquetá, y a todos los miembros de un partido legal de oposición: el Polo Democrático Alternativo (con excepción del senador Gustavo Petro, que desde agosto de 2007 ha comenzado su carrera presidencial y para ello necesita, según él, ganarse los votos de la derecha porque los de la izquierda ya no podrán darle más, y por lo tanto ha llamado a marchar el 4 de febrero), así como a los miembros de las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos -muchos de los cuales han sido y siguen siendo víctimas de señalamientos injustos y detenciones arbitrarias- y a columnistas de prensa como María Jimena Duzán, y a Astrid, hermana de Ingrid Betancourt, entre muchos otros.

Sin duda alguna, la manifestación del 4 de febrero tiene de todo menos de apolítica.

Veamos: la marcha convocada tiene mucho de manipulación. Se nos dice que salir a marchar es una cuestión de amor patrio, de dolor por el drama del secuestro, de protesta por los tratos degradantes y las torturas sufridas por los cautivos, que hace falta un reclamo generalizado contra las FARC, como los que durante mucho tiempo se han organizado en España contra ETA, para demostrarle a esa guerrilla que la única salida es la entrega de los secuestrados sin condiciones. Es decir, quien no se presente sólo puede ser tan terrorista como los guerrilleros. En esas condiciones, ¿quién se atrevería a no hacerlo?: hasta el Polo Democrático tuvo que buscarse una salomónica salida, convocando a un plantón el mismo día en la Plaza de Bolívar, pero una hora antes, para demostrar que está tan en contra de las FARC como de todos los actores del conflicto.

También, la marcha tiene mucho de desinformación. Porque mientras los grandes medios de comunicación vuelcan sus noticias centrales, crónicas y páginas de opinión en la protesta del 4 de febrero, un general de la República, Pauselino Latorre, ex director de Inteligencia del Ejército, es capturado por haber lavado más de dos mil millones de pesos del narcotráfico. Y aquí apenas si nos enteramos. Y casi al mismo tiempo, la Corte Suprema de Justicia abre investigación contra otros tres congresistas por sus nexos con los grupos paramilitares -¡ya son 53!, y en Colombia la cosa sigue siendo harina de otro costal.

Y Rocío Arias se va a la cárcel, y a Carlos Clavijo lo llaman a indagatoria, y quedan en la cárcel o ad portas de ella todas las personas que aparecieron en un video haciendo campaña con Álvaro Uribe en el 2002. Y aquí esos hechos no tienen importancia alguna, como tampoco la tienen ni la tuvieron la renuncia del Zar Anticorrupción, Rodrigo Lara, tras la filtración del testimonio de su tía, según la cual cuando el padre del ahora ex funcionario era ministro de Justicia (antes de ser asesinado por Pablo Escobar) aseguraba que Álvaro Uribe era un ejemplo del poder del narcotráfico en la política colombiana; ni la renuncia del embajador de Colombia en el Reino Unido, Carlos Medellín, por los nexos del hermano del asesor presidencial José Obdulio Gaviria (primo del extinto capo del Cartel de Medellín) con los asesinos del director de El Espectador, Guillermo Cano.

Y, para rematar, el presidente Álvaro Uribe, sin ambages, en el marco de un encuentro religioso, anuncia la liberación de los 44 secuestrados que hacen parte del grupo de "canjeables" para el intercambio humanitario, días después de de haber ordenado a la fuerza pública cercar a los grupos guerrilleros donde se presume se encuentran los secuestrados. A propósito, ¿qué hacía el Presidente en la Convención Anual de la Misión Carismática Internacional? ¿Fue como el mismo “ciudadano común” que mientras se encontraba de gira en Europa presentó una demanda por injuria y calumnia contra el magistrado y ahora ex presidente de la Corte Suprema César Julio Valencia, o fue como primer mandatario de una nación declarada constitucionalmente como pluralista y respetuosa de todas las creencias y no creencias?

Además, la convocatoria del 4 de febrero tiene mucho de disociación, es decir, de separación esquizofrénica de la sociedad colombiana. Si antes este país estaba polarizado, después del 4 de febrero estará completamente dividido.

Con todos esos ingredientes, es imposible no concluir que lo que se viene fraguando desde Facebook es una gran crisis social, con todos los elementos del lavado de cerebro colectivo que ha desarrollado el Instituto Tavistock (ver: http://free-news.org/NOM_elite_01.htm), mejor conocidos como “penetración de largo alcance”.

John Coleman, un antiguo e importante miembro de inteligencia del FBI, ha asegurado en varios de sus libros de denuncias que “(...) Hay que destacar tres fases distintas en la respuesta y reacción mostradas por los grandes grupos sociales. En primer lugar, la fase de la superficialidad; la población ante ataques se defenderá a sí misma con lemas (léase: “No a los crímenes”, “más protección policial ya”, “Dios quiera que esto no suceda en nuestro tranquilo y agradable barrio”...) Esto no identificará el origen de la crisis y, por lo tanto, no habrá nada concreto contra lo que dirigirse, de ahí que la crisis persistirá. En segundo lugar, la fase de la fragmentación Tendrá lugar cuando la crisis continúe y el orden social se desmorone (léase que llegados a ese punto, los ciudadanos se organizarán por sí mismos como vigilantes dentro de sus barrios para defender su territorio, pocos seguros de quién es el enemigo). Entonces, entrará en juego la tercera fase en la que la población se radicalizará y se desviará de la crisis inducida, a lo que seguirá una reacción de inadaptación acompañada de un activo idealismo sinóptico y disociación (...)”.

Colombia, un estado paranoico en el que el 81% de los salarios estatales se invierten en el sector de seguridad y defensa, y no en médicos, educadores y jueces, se encuentra en la última fase de la crisis en torno al secuestro, y terminará por aceptar cualquier tipo de respuestas con tal de generar “soluciones” al problema. Esto es, más bombardeos incluso a costa de la muerte de los secuestrados, un mayor recorte de nuestras libertades, mayores señalamientos, detenciones y ataques contra los sectores de la población que se oponen por las vías legales, aunque por éstas ejercer la oposición sea casi un imposible, y justificaciones por la monstruosidad de unos en contra de los horrores de otros. Se nos dirá que los paramilitares no podían ser ángeles, que tenían que ser monstruos para poder luchar contra aquellos criminales sin alma y sin humanidad, y terminaremos aceptando que es mejor un inocente preso que cien culpables en la calle, y las encuestas dirán que Uribe, ahora sí, tiene el 99% de popularidad: que sólo están en su contra los terroristas que huyen hacia Venezuela o se encuentran presos o enterrados en fosas comunes. Y los parapolíticos serán amnistiados y reelegidos, y Uribe comenzará su tercer período con millones de desplazados que no importan, porque para ellos esta patria no es más que un lugar del que han sido desterrados desde tiempos inmemoriales.

¡A marchar el 4 de febrero!

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