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Opinión

¡Un homenaje a las víctimas!

Por: Lutas Pintero

Sábado 8 de marzo de 2008

Estamos convencidos de que un gran número de hechos violentos quedan ocultos en la memoria prohibida de las víctimas , de sus familiares, de los testigos, de sus compañeros de militancia, en el silencio de las tumbas o en cualquier rincón de este país de cementerios.

¡Un homenaje a las víctimas!

El 6 de marzo, me uní a la marcha nacional organizada por las víctimas del Terrorismo de Estado vigente en Colombia, cuyos organizadores convocaron así: “Es un homenaje nacional a las víctimas del paramilitarismo, la parapolítica y los crímenes de Estado”.

Marché con ellos, aquí en Bogotá; caminé entre la calle 33 con séptima y la Plaza de Bolívar. Observé a muchas personas, de diferentes rostros y vestimentas; de diversas voces y expresiones. Pude ver rostros alegres y expresiones muy tristes; encontré a madres con las fotos de sus hijos o esposos victimizados; escuché múltiples consignas: ¡Uribe paraco, el pueblo está berraco!; ¡no más paras, no más FARC, queremos paz!; ¡Uribe paraco, comandante de Macaco!”; ¿Uribe, desmovilizate ya!; ¿Uribe paraco, te espera la Corte penal Internacional!; ¡no más fosas, ni más desaparecidos!; ¡Justicia para los desplazados de Colombia, hasta Carimagua se la querían robar!; ¡José Obdulio narcoparaco, el pueblo está berraco!; no más manipulación, no más guerra, no más RCN!; no más guerra, no más FARC, no más gobierno paramilitar!

Caminé junto a personas diversas que caminaban en silencio, que lloraban en silencio…

Allí marcharon campesinos, indígenas, hombres y mujeres negros, obreros, periodistas, defensores de derechos humanos, organizaciones de mujeres, maestros, niños, abuelos, organizaciones sindicales, líderes políticos, jóvenes, observadores internacionales actores y actrices, en fin, muchos sectores de la sociedad colombiana.

Alrededor de la marcha, pude observar decenas de policías, en su mayoría jóvenes con cara de pueblo, que observaban en silencio… con una expresión de cierta pena en sus rostros y quizá en sus almas...

Me detuve a dialogar con los vendedores de Banderas de Colombia y con aquellos que ofrecían minutos, quienes me dijeron: vea hermano: nosotros, también somos solidarios con las víctimas, son nuestros hermanos. Y claro, de paso nos ganamos un pesito para atenuar las necesidades pues estamos jodidos sin empleo.

Pude ver a jóvenes madres con sus niños y niñas de la mano, caminando, observando, escuchando, pronunciando consignas…

Pude ver, pensar y oir…

Pensé en los ojos y las almas nuevas de los niños y niñas con los que caminé y me pregunté: cómo estarán mirando el mundo; recordé sobre el papel que juegan los medios masivos de información y me cuestioné: qué mensajes les habrán dado y cómo los habrán recibido; pensé muchas cosas y deseé con toda el alma que fueran creciendo libres en medio de tanta estupidez, de la intolerancia que nos ahoga, de la guerra que nos impide apostarle a la construcción de un país en el que quepamos todos; un país en el que, como dice el poeta: “el pan y la justicia sean repartidos, como se reparte el sol en el verano, para todos…”.

Finalmente, pensé que tenemos que aprender a sumar y a multiplicar, en un país que nos sigue enseñando a restar y a dividir…

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