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Carta de Alain Lipietz a Alvaro Uribe Vélez

Presidente de la delegación del Parlamento Europeo para los países de la Comunidad Andina

Martes 18 de marzo de 2008

Bruselas, el 04 de marzo de 2008

Sr. Presidente de la República de Colombia

Dr. Álvaro Uribe

Palacio de Nariño

Colombia

Excelentísimo Señor Presidente:

Al cabo de algunos días de reflexión me permito escribirle con respecto al grave incidente ocurrido el 1ero de marzo: me refiero a la incursión en territorio ecuatoriano perpetrada por la aviación y tropas transportadas por aeronaves, con la finalidad de matar al ’número dos’ de las FARC, Raúl Reyes, a sus acompañantes, y de llevárselos junto con tres computadoras.

Seguramente, la protesta y la indignación del Presidente de la República ecuatoriana, Rafael Correa, y la reprobación internacional provocada por esta violación de la soberanía ecuatoriana totalmente contraria a la legalidad, no le habrán sorprendido, y pienso que es con toda la conciencia de esta reprobación que usted ordenó o dejó cometer este acto. No tengo nada que añadir sobre este asunto que usted no sepa ya.

He leído muy atentamente el discurso del Presidente Correa, así como la "respuesta de su Ministro de Relaciones Exteriores a la Cancillería del Gobierno Ecuatoriano", así como varios artículos relativos al contenido de las computadoras.

Es a triple título, Excelentísimo Presidente, que me permito escribirle. Como Presidente de la delegación del Parlamento Europeo para los países de la Comunidad Andina, como ciudadano francés, y como un viejo amigo de Colombia y del pueblo colombiano. Además he tenido varias veces el honor de reunirme con usted y de escuchar su punto de vista, muy recientemente en Bruselas y en Bogotá.

Como presidente de la delegación para la CAN, solo puedo expresar mi total falta de comprensión ante tanta agresión por parte de Colombia contra un país hermano, y eso en plena negociación de un acuerdo de Asociación entre la CAN y la Unión Europea. Usted me aseguró, hace unos días, su voluntad de negociar "de bloque a bloque". ¿Cómo se puede hablar de bloque todavía cuando un miembro del bloque toma la iniciativa de lanzar una intervención militar en un territorio ajeno?

Como ciudadano francés, guardo el recuerdo de una guerra atroz que realizó mi país contra el Frente de Liberación Nacional argelino, antes de terminar negociando con él. Esta guerra estuvo plagada de incidentes internacionales del mismo estilo: el bombardeo de Sakhiet en Turquía, el desvío de un vuelo internacional para capturar dirigentes del Frente de Liberación Nacional… Estos actos desacreditaron tanto a la diplomacia francesa que Francia perdió una guerra que sus militares pensaban haber ganado en el terreno.

De ninguna manera quisiera negar el derecho del gobierno constitucional colombiano a responder por las armas a los actos criminales de los grupos que la misma Unión Europea inscribió y mantiene en la lista de grupos terroristas: las AUC, el ELN, las FARC. Pero atacar a los países vecinos, muy perturbados ya por la afluencia de refugiados colombianos, es algo muy distinto.

Pero hay algo más grave aún – si es posible – me refiero al pueblo colombiano; a los miles de secuestrados y sus familias, y a la posibilidad de volver a la paz en Colombia.

Usted, Señor el Presidente, aprobó públicamente un proyecto de "zona de distensión" en la Florida – Pradera, propuesta por los mediadores españoles, suizos y franceses, donde se pudiese negociar un canje humanitario.

Ante el rechazo por las FARC del perímetro propuesto, Usted mismo me había dicho: "Si no quieren negociar en Colombia, que negocien donde quieran, hasta en el Vaticano".

Sin embargo, hace varias semanas que la FARC van liberando cada vez más ciudadanas y ciudadanos colombianos, senadores o representantes. Usted agradeció públicamente a los mediadores que permitieron estas liberaciones de colombianos, liberaciones portadoras de tanta esperanza.

Es lógico que sí hubo una mediación, hubo un lugar para estas negociaciones, y que si éste lugar no estaba en Colombia, fue entonces el objeto de "acuerdos" territoriales temporales entre las FARC, los mediadores y las autoridades de los países vecinos de Colombia.

Es de notoriedad pública que solamente un dirigente de la envergadura de Raúl Reyes podía concluir tales acuerdos de liberación (Rodrigo Granda, a quien Usted liberó a petición del Presidente Sarkozy, estuvo en una posición demasiado baja en la jerarquía de las FARC para tomar tales decisiones).

Ha sido revelado, por una de las computadoras confiscadas en el campamento de Raúl Reyes, que las autoridades ecuatorianas habían tomado disposiciones para que en ese lugar, cerca de la frontera, se negociara la liberación del Soldado Pablo Emilio Moncayo, el más antiguo de los prisioneros de las FARC, cuyo único crimen fue haber defendido el orden constitucional de su Patria.

Quizás sabremos un día si las liberaciones anteriores se habían negociado en el mismo campamento o según un acuerdo del mismo estilo.

Lo que es seguro, es que al causar la muerte de Raúl Reyes en ese lugar, las Fuerzas Armadas Colombianas pusieron un término a las negociaciones para la liberación del Soldado Pablo Emilio Moncayo y quizás de muchos otros posteriormente. Pienso en particular en la ex-senadora Ingrid Betancourt, cuyas ’pruebas de vida’ inspiran las más altas inquietudes acerca de su salud a corto plazo.

Excelentísimo Señor Presidente, con todo el respeto que le debo, quisiera recordarle el respeto a la lógica y a la humanidad. Usted no puede querer una mediación y matar a los negociadores, no puede llamar a la solidaridad internacional para salvar a sus compatriotas, y bombardear a los países hermanos que ofrecen facilidades para las negociaciones.

Le pido pensar un momento en la siguiente situación: ¿Qué habría pasado si un mediador importante, un obispo colombiano, un dirigente de la Cruz Roja, un Ministro o Diputado de un país mediador europeo, hubiera estado esa noche con Raúl Reyes en el campamento facilitado por las autoridades ecuatorianas? ¿Qué hubiese pasado si esta persona también hubiera sido asesinada por una bomba colombiana? ¿Qué hubiese pasado si se hubiera localizado a Raúl Reyes en el Vaticano en plena negociación con emisarios suizos? ¿Hubiese mandado a bombardear el Vaticano?

Es por ello que, llevado por la preocupación de sus compatriotas, le hago este llamado, Sr. Presidente, no solamente a evitar las confrontaciones militares que pondrían en peligro la vida de los rehenes, sino a abstenerse absolutamente de toda operación violenta contra los negociadores, emisarios o mediadores en la búsqueda de un acuerdo humanitario, ya sea en suelo colombiano, y mucho menos en suelo de otro país soberano.

Reafirmando nuestro compromiso con la paz en la región,

Le saluda atentamente

Alain Lipietz

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