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El informe de la discordia

Por: Diana Carolina Durán Núñez - El Espectador

Martes 29 de abril de 2008

Algunas cifras del Ministerio de Defensa son tan confusas que no dejan ver cuáles son los verdaderos resultados de la Política de Seguridad Democrática. Juan Manuel Santos está a cargo de la cartera de Defensa, que recopiló la información para este informe desde agosto de 2002.

Desconcertantes. Así son algunos de los resultados que el Gobierno Nacional publicó en su informe titulado “Logros de la Política de Consolidación de la Seguridad Democrática”, actualizado el pasado mes de marzo y divulgado en la página web del Ministerio de Defensa. Uno de los números más polémicos es el de las capturas de miembros de organizaciones de narcotraficantes. Entre agosto de 2002 y marzo de 2008 han sido detenidas nada más y nada menos que 347.526 personas. Es como si todos los habitantes de Manizales estuvieran bajo arresto.

No es la primera vez que estas cifras generan serias dudas. Ya han sido difundidas anteriormente y actualizadas cada tres meses, pero, a pesar de las críticas, el debate continúa. Por ejemplo, según el documento oficial, tan sólo en los tres primeros meses de este año se han efectuado 12.801 capturas por delitos conexos con el tráfico de estupefacientes. Para poder recluir a tantas personas se necesitarían 10 prisiones con la capacidad de la cárcel de Cómbita. Una cifra que distintos expertos consultados por El Espectador consideran un despropósito y que el Gobierno reconoce como confusa desde su concepción.

“La cifra no es de cuántos fueron capturados, y eso ya se presta para confusiones, porque a una sola persona la pueden detener cinco veces y en las estadísticas eso son cinco capturas diferentes”, explica Diana Quintero, directora de estudios sectoriales del Ministerio de Defensa, área encargada de la recopilación de este informe. Y agrega: “También hay que mejorar el criterio de ‘miembros de organizaciones narcotraficantes’. Porque ahí están incluidos tanto los grandes capos como los vendedores de la esquina. Yo soy la que más quisiera clasificar todos los datos. Estamos en un proceso de depuración”.

Es por eso que sostener que durante los últimos seis años se ha capturado a tal cantidad de narcotraficantes sería como dar por hecho que el negocio llegó a su fin. Sin embargo, como lo demuestra el mismo informe —y la realidad—, no es así. De acuerdo con el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos, Simci, hasta 2006 en Colombia había 77.870 hectáreas de arbustos de coca. Mucho menos que seis años atrás, cuando la cifra llegó a su punto más alto con 163.289 hectáreas sembradas. Pero el tráfico de cocaína y de otros narcóticos sigue siendo el oficio de muchos.

El más grande talón de aquiles del informe es la falta de discriminación de este tipo de cifras y la ausencia de seguimientos a los procesos. El documento dice cuántas detenciones se realizaron, pero no cuántas personas fueron condenadas, que sería un criterio mucho más real a la hora de exponer resultados. Eso lo sabe y lo reconoce el Gobierno. Y la falencia no se presenta sólo en el tema del tráfico de estupefacientes. Los números de las desmovilizaciones y las capturas contra miembros de las guerrillas o de las autodefensas, contabilizadas entre agosto 2002 y marzo de 2008, tampoco cuadran.

De acuerdo con los datos que suministran el Comando General de las FF.MM. y la Policía Nacional, entre 2002 y 2008 se efectuaron 29.335 arrestos contra subversivos de las Farc, del Eln y de otros cuatro grupos de menor capacidad; y prácticamente en ese mismo lapso fueron arrestados 13.456 miembros de grupos de autodefensa. En total, según se desprende del informe, 42.791 personas estuvieron procesados por la justicia y, por supuesto, confinados en las distintas cárceles del país. Algo que sencillamente no puede ser. En los registros del Inpec la población carcelaria no supera las 65.000 personas. Y eso que la Procuraduría calcula un hacinamiento del 23%.

Entre quienes han refutado esta información están José Fernando Isaza (rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá) y Diógenes Campos Romero. Según un estudio que publicaron a finales de 2007, apoyado con datos del Comando General de las FF.MM., en 2002 los integrantes de las Farc y el Eln no pasaban de 20.000, y cinco años más tarde se habían reducido a 12.499. Por eso, los académicos observan con incredulidad los logros divulgados por el Gobierno. Eso significaría, sostienen, que “de cada 100 subversivos retirados del conflicto, la guerrilla logró reclutar 84 nuevos combatientes”.

Así las cosas, no se sabe a ciencia cierta, por ejemplo, cuántas personas han recibido una sentencia de un juez por delitos


P.-S.

Análisis de Vlado:

Desde que resolvió lanzarse al Congreso, matriculado en el uribismo, los artículos del analista Alfredo Rangel dejaron de tener el equilibrio que había caracterizado hasta hace algún tiempo su trabajo a la cabeza de la Fundación Seguridad y Democracia. Y es una lástima, realmente.

En la actualidad los escritos de Rangel parecen dictados por Palacio, o dejan entrever alguna aspiración burocrática. No de otra manera se entiende el artículo que publicó en el periódico El Tiempo, donde hace una defensa a ultranza del actual gobierno, y sobre todo del absurdo proceso de paz con los paramilitares. Ni a José Obdulio, ni a JJ Rendón les hubiera quedado mejor...

Según el mismo Rangel, en el gobierno de Pastrana “los paramilitares se triplicaron, al pasar de 4 mil a 12 mil hombres”. Y más adelante, en una clara contradicción, agrega que gracias a lo que el llama el fortalecimiento del Estado, “los paramilitares [pasaron] de 16.000 a unos 3.500”. Entonces se puede deducir que los paras pasaron de 12 mil a 16 mil; y de 16 mil pasaron a 3.500. De donde se deriva otro equívoco, pues Uribe dijo esta semana en la ONU que el paramilitarismo se había acabado ya en Colombia.

Pero eso no es todo. En reiteradas oportunidades tanto el presidente Uribe como el comisionado de Paz y varios ministros han dicho que gracias a la ley de justicia y paz se han desmovilizado 30 mil paramilitares. Si eso es cierto, no hay que ser Einstein para darse cuenta de que el número de paras en vez de disminuir aumentó en el gobierno de Uribe, a no ser que por culpa del Dane aparezcan más desmovilizados de los que en realidad son.

En todo caso, después de leer esa columna de hoy en El Tiempo, no pude aguantarme y le escribí a Rangel una nota que quiero compartir con los lectores. Aquí va...

— - Apreciado Alfredo,

Me resulta inevitable referirme a su artículo de hoy en El Tiempo, sobre el cual podría hacer múltiples comentarios. Sin embargo, sólo me voy a referir a uno que no admite una confrontación retórica, sino que se puede cuantificar con una relativa objetividad, como es el caso de las cifras correspondientes a los paramilitares.

¿Me quiere usted explicar cómo se justifica el hecho de que si Pastrana sólo dejó 12 mil paramilitares, el gobierno de Uribe haya desmovilizado 30 mil...? Y conste que esas cifras no son un invento mío, sino que las han sacado a relucir en repetidas ocasiones el propio presidente y sus subalternos. Si la cifra de desmovilizados es real, lo que hubo fue un incremento del 150%.

Haciendo caso omiso de las cifras con las que chicanea el gobierno, y ateniéndonos sólo a los datos de su artículo, si Pastrana dejó 12 mil paras, ¿de dónde salen los 16 mil que usted menciona? Si eso significa que los 12 mil se convirtieron en 16 mil, entonces en el gobierno de la seguridad democrática hubo un incremento del 33 por ciento. Curioso, ¿no? En cualquiera de los dos casos, mi apreciado Alfredo, hay un error de apreciación o una profunda contradicción, y no se puede decir alegremente que “durante el gobierno de Uribe, por primera vez en su historia se debilitaron todos los grupos irregulares”. Según esto, habría que decir “todos, menos los paras”.

¿Se le puede denominar a eso debilitamiento? Y si contamos los tales ‘grupos emergentes’ de hoy en día (que bien sabemos que no son otra cosa que los mismos paras con diferente nombre), entonces el crecimiento paramilitar ha sido asombroso. ¿Será eso lo que algunos confunden con el ‘fortalecimiento del Estado’? A lo mejor es otro de esos cambios de nombre, tan comunes en este gobierno...

Créame que yo mismo, en persona, les he preguntado tanto al presidente Uribe como al comisionado Restrepo, cómo llegaron a esa cifra de desmovilizados y ambos se han pegado unas enredadas impresionantes. Extrañamente parecidas a las que se pueden leer hoy en su artículo.

Cordialmente,

Vladdo

P.S.: Sería bueno releer el análisis de Pablo Casas Dupuy, publicado el año pasado, donde se hacía un pormenorizado recuento de cómo la política de seguridad democrática era menos exitosa de lo que nos hacían creer.

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