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¿Qué está en juego en Colombia?

Por: Diana Marcela Gómez Correal

Domingo 25 de mayo de 2008

EN JUEGO NO ESTÁ POCO. LOS SUCEsos que se vienen presentando en los últimos meses y días, fruto de procesos históricos, de décadas de guerra, violencia y exclusión política, social, económica y cultura, son para poner a cualquier ciudadano alerta.

En el país está en juego, primero que todo, la vida misma. 24 sindicalistas asesinados en menos de cinco meses en un clima de tensión y señalamiento a veces no evidente para la gente de la calle o abiertamente permitido por la mayoría. En la cancha se decide cuántos goles se anotan en contra de los derechos humanos, la libertad, la expresión, la integridad física, un pacto necesario en cualquier sociedad moderna.

Con la pelota se está definiendo cómo se hace política y qué se permite. De acuerdo a los próximos desenlaces de la justicia y la sanción ciudadana se está decidiendo en nuestra “democracia” hasta dónde la compra de conciencias es persuasión y no soborno, delito; los pactos de refundación de la patria, basados en la sangre y la tierra de la gente, patriotismo o crímenes de lesa humanidad; los actores de la guerra y sus autores intelectuales, culpables o patriotas; la parapolítica franca ilegitimidad del gobierno o un dinosaurio que entró sin ser visto y que depreda a los que la denuncian.

En juego está si la democracia en Colombia sigue siendo de vitrina, de palabra muerta, de significado vacío, si la justicia y la verdad son valores sobre los cuales fundamentamos nuestra convivencia, si la dignidad es lo nuestro, o si el olvido y la complicidad silenciosa serán nuestro destino. Si seremos el país del Nunca Jamás, del No Más o de lo Mismo de Siempre. En estos partidos que se juegan, que no son sólo de los partidos políticos y que no son limpios ni con reglas claras, se está disponiendo la memoria que se recrea y se va a trasmitir, las versiones de “nuestra” historia, del pasado y del presente. En consecuencia también estamos jugando nuestro propio futuro y el cómo construirlo.

Este juego no es de poca monta, y literalmente por algunos se está jugando a las patadas mientras otros están como espectadores, unos silenciosos, otros críticos, varios incendiarios y unos más, quizás sin muchas ganas o claridad y a lo mejor con miedo, en el banco a la espera de relevos. Quienes deberían ser árbitros son juzgados, señalados, amedrentados y limitados en sus funciones, baste mirar los pulsos con las Cortes, las debilidades de la Fiscalía, los atajos para aplicar justicia y la astucia para reconvertir la ley y los derechos a acomodos como la extradición.

El técnico se pasa a la cancha inventando nuevas reglas, rompiendo las existentes, queriendo jugar, dirigir, estar en todas partes, ser omnipresente y contener todo el poder. En ese “picado” estamos delimitando si lo nuestro es la cultura mafiosa, de los chantajes, los sobornos, el dinero fácil, la depreciación de la vida, las motosierras, las palabras de grueso calibre, de matones, el lenguaje de sicarios, la intimidación desde la tribuna. Si el partido se juega a quemarropa, a punta de tiros penalti y tarjetas rojas.

En el rápido acontecer de este Macondo, algunos sin darse cuenta están ayudando a resolver si el camino por el que optamos es el de la profundización de la guerra, el escalonamiento del conflicto, el asesinato como el medio, el uso de la violencia como el designio, la exclusión abierta y permanente como la constitución definitiva, el miedo y la indiferencia como lo normal en nuestra cotidianidad.

En juego está nada más y nada menos que la guerra o la posibilidad de la paz, una calma chicha, la definición de los dueños del país y el uso de nuestras riquezas. Frente a tanta definición, vale la pena preguntarse ¿cómo podemos jugar un mejor juego, no trampeado, no sucio, no mafioso, no ya previamente arreglado, no entre los mismos? A ver si el próximo campeonato puede ser más plural, más ético y con mejores resultados. A ver si entendemos que lo que está en juego no es un simple juego, es el futuro y la vida.

* Diana Marcela Gómez Correal

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