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Operación Miserables

José Hilario López Rincón - Abogado - Corporación Jurídica Utopía

Miércoles 12 de noviembre de 2008

"... esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión"(1) Una sociedad que no reacciona de manera resuelta ante la gravedad y magnitud de hechos criminales es una sociedad complaciente con el crimen.

La sociedad colombiana vibra hasta los máximos niveles de emoción por las triunfantes derrotas de una selección de fútbol. Se agita delirante al ritmo del mercadeo de las caderas de una cantante devenida en activista de causas sociales en los escenarios mundiales, grita las fútiles baladas del "parcero" uribista y llora conmovida ante las desgracias de la heroína de la última telenovela. Marcha embrujada hacia la autodestrucción con el patrocinio de los medios de incomunicación social; los medios señalan el camino insulso y detrás de ellos el poder económico-político. La sociedad simplemente respira, aplaude, levanta las manos, desfila, envía mensajes de texto para obtener una boleta, llama a una emisora para que le regalen un disco, se afana por la moda mientras navega enajenada por los mares rosa de las "redes sociales" de Internet...

Sin embargo, guarda cómplice silencio ante los miles de asesinatos cometidos por el "heroico" Ejército de Colombia contra desamparados e indefensos ciudadanos, dentro de una macabra y bien montada estrategia que la gran prensa ha dado en llamar "falsos positivos". Así como calló ante las masacres de Trujillo, de Mapiripán, de San José de Apartadó, de Pueblo Bello. Así como agachó la mirada, pero extendió la mano, cuando las bandas de narcotraficantes empezaron su apostolado dispuestos a comprar el país con sus cargamentos de dólares. Y así, como solapadamente se fue juntando con las hordas param ilitares hasta llevarlas al poder del Estado.

El asesinato frío y calculado de humildes ciudadanos por parte de valientes soldados de la patria uribista es monstruoso, propio de una tiranía fascista. ¿Qué diferencia hay entre un régimen que persigue y encarcela seres humanos por el solo hecho de ser judíos para luego exterminarlos y éste régimen que engaña a los más indefensos, a los desempleados, a los excluidos para asesinarlos y presentarlos luego como botín de guerra, "bandidos muertos en combate", señal

de que están exterminando al enemigo, parte de victoria al Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de la República? ¿Cuál es el nombre de esta masiva y sistemática operación militar que consistió en recorrer el país a la caza de indigentes, lustrabotas, drogadictos, enfermos mentales, vendedores ambulantes, desempleados, en fin los desposeídos y bajo el señuelo de un esquivo empleo arrastrarlos apresuradamente hacia el cadalso?

Hace falta la centelleante rueda de prensa donde el Ministro de Defensa de la Guerra nos cuente los pormenores de su "Operación Miserables", nos detalle cómo sus curtidos militares infiltraron a los desempleados, cómo se hicieron pasar por drogadictos - ¡ah tarea tan difícil! -, cómo engañaron a los enfermos mentales y sobre todo en qué momento se despojaron del chaleco con la insignia de la Cruz Roja Internacional ante el pánico de ser descubiertos.

Fue una operación perfecta, un nuevo triunfo de la inteligencia militar y la seguridad democrática. A cada asesinado apenas le dieron un tiro de gracia. No invirtieron dinero en alimentarlos pues la Operación fue diseñada para secuestrarlos con la astucia militar, trasladarlos y asesinarlos la noche misma en que llegaran a la "zona de combate". Y además, bajo el esquema siniestro y malsano de las recompensas para "informantes" estas quedaron en las mismas manos de los asesinos. Fue una operación perfecta de un régimen despótico que se hunde en la sangre de miles de compatriotas cuya desventura fue ser pobres. No son casos aislados. Actuaron de manera sistemática y generalizada. Aquí no cabe la falacia de "una manzana podrida". Los criminales hurgaron en los basureros, debajo de los puentes, en las ciudades que rodean los grandes cordones de miseria, en las bancas de los parques de los pueblos donde se reúnen los desempleados a contarse sus desgracias, en las plazas de mercado. Se los llevaron de Soacha, Medellín, Bucaramanga, Sincelejo, Toluviejo (Sucre), Barranquilla y aparecieron "muertos en combate" en Ocaña, Catatumbo, San Roque (Antioquia), Montebello (Antioquia), El Roble (Sucre), Cajamarca, Chinú (Córdoba), Sahagún (Córdoba), Chinchiná (Caldas), Cumaribo (Guaviare).

La "renuncia" del general Mario Montoya, Comandante General del Ejército, como la "baja" de un puñado de oficiales no disuelve el hedor que se desprende. Apenas disimula el olor de la sangre inocente del más del millar de jóvenes asesinados bajo ese método. ¿En dónde está la responsabilidad administrativa y política del Ministro de la Defensa de la Guerra y del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de la República?

¿Acaso ya olvidamos que el martes 29 de julio de 2008, Álvaro Uribe Vélez, instigador de la guerra de arrasamiento total ordenó a sus tropas, presentes en la inauguración del Centro de Convenciones de la Cámara de Comercio Aburrá Sur en el municipio de Itagüi (Antioquia): "... que quedan unos bandidos de esos. Acábelos y por cuenta mía, no se preocupe mi general"?

El fondo de los crímenes es la filosofía de la "Seguridad Democrática" única bandera, ensangrentada, de éste régimen. A la sombra de esa retahíla azuzadora han ocurrido centenares de detenciones masivas, desplazamiento forzado de campesinos, despojo de sus tierras, desaparición forzada de personas, asesinatos selectivos y ahora asesinatos masivos e infames de jóvenes. No hay que ser experto para apreciar la magnitud del horror. El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional dice en su artículo 7 qué son Crímenes de lesa humanidad: "... se entenderá por "crimen de lesa humanidad" cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque: a) Asesinato (...) i) Desaparición forzada de personas".

La Corte Penal Internacional entiende por "ataque contra una población civil" la "línea de conducta que implique la comisión múltiple de actos mencionados en el párrafo 1(2) contra una población civil, de conformidad con la política de un Estado o de una organización de cometer ese ataque o para promover esa política". "Por "desaparición forzada de personas" se entenderá la aprehensión, la detención o el secuestro de personas por un Estado o una organización política, o con su autorización, apoyo o aquiescencia, seguido de la negativa a admitir tal privación de libertad o dar información sobre la suerte o el paradero de esas personas, con la intención de dejarlas fuera del amparo de la ley por un período prolongado"(3)

Si la "renuncia" del general Montoya y la "baja" del puñado de oficiales obedecieron a que no fueron eficaces en los controles sobre sus subalternos, el ministro Santos y el Comandante Supremo deberían hacer lo propio. Claro, si tuviesen principios y un mínimo de decoro. ¿En dónde estaban que no detuvieron a tiempo el holocausto? Las cabezas de los generales son cortina de humo para desviar el centro de las responsabilidades y aparecer ante los medios y la sociedad enceguecida como los adalides de los derechos humanos. Se lavan las manos con la sangre de los inocentes y sin el menor asomo de vergüenza descalifican opiniones como la de Human Rights Watch por el simple hecho de haber dicho que "en Colombia se obstaculiza a la justicia en las investigaciones de la mafia paramilitar".

Estos crímenes de lesa humanidad desnudan en toda su dimensión un comportamiento estructural del Ejército y el papel de la "justicia penal militar" que diligentemente ya había archivado muchas de las denuncias. Y llega justo para descubrir la retórica del respeto por los derechos humanos al interior del Ejército colombiano. ¡Vaya conmemoración de los 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos!

Retomemos el principio. La Defensoría del Pueblo, reflejo de la sociedad que se supone representa, como reconocimiento a los jóvenes asesinados organizó en el parque central de Soacha... un concierto. Bogotá, noviembre de 2008

Notas: (1) Declaración Universal de los Derechos Humanos - Preámbulo. (2) Asesinato, desaparición forzada. (3) Artículo 7 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.

P.-S.


Este artículo es una publicación de la Corporación Viva la Ciudadanía Opiniones sobre este artículo escribanos a:
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