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El Reacomodamiento

Por: Alejandro Angulo S.J. / CINEP

Miércoles 4 de febrero de 2009

El diálogo de estudiosos tenido en el CINEP el lunes 2 de febrero documentó dos noticias, una buena y otra mala, que además aclaran mucho el fondo de las versiones oficiales y justifican el clamor de las víctimas: (a) la Seguridad Democrática ganó la guerra, (b) la violencia en Colombia no ha disminuido. Sumadas las dos resulta una sola noticia muy preocupante: se han ganado las batallas pero se ha perdido la guerra. Lo cual quiere decir que en Colombia la política sigue siendo una forma aceptada de hacer la guerra. En otras palabras: entre los interesados se sigue pensando que el homicidio es más eficiente que las urnas y que las bandas armadas son más convincentes que las campañas políticas.

Afirmar que se ganó la guerra significa, como los mismos estudios lo demuestran, que la guerrilla ha sido golpeada pero no extinguida y que los homicidios son menos numerosos. Usando unas estadísticas verosímiles, pero no a prueba de bomba, se observa que del 2001 al 2008 los muertos civiles bajaron de más de 1.500 a poco más de 400. Las acciones unilaterales de las FARC disminuyeron de 400 en el 2001 a menos de 50 en el 2008. Por eso sigue la violencia por ese lado. Con todo, ésta es la buena noticia.

Ahora bien la mala noticia es que la fuerza victoriosa es el paramilitarismo. Y aquí viene lo más diciente y terrificante. Los paramilitares, con sus jefes en las cárceles y todo, se han consolidado hasta el punto de poder pasar de la violencia asesina a la violencia política y económica que funciona con el mecanismo de la exclusión de las minorías y con la manivela del terror. Las masacres que en el 2000 eran el 47% de la acción paramilitar, en el 2004 fueron el 8% y en el 2007 son el 3%. O sea que ahora prima la amenaza, que en el 2004 era el 4% y en el 2007 es el 57% de la acción “para”. Conclusión: los “paracos” ya no masacran sino que amenazan. ¿Es una ganancia moral? No me parece tan claro, porque también sigue la violencia por este otro lado. Nos hallamos en un paisaje escabroso de la continuidad de la violencia en las relaciones sociales. Es lo que en el mencionado evento llamaron el reacomodamiento, usando una expresión que fue debatida entre los colegas, pero que me parece muy afortunada por lo precisa. ¡Un indicador burdo pero tenebroso del dicho reacomodamiento para muchos colombianos es que en el 2007 el 8% de la “acción” paramilitar es revelar dónde se encuentran las fosas comunes!

El reacomodamiento en sí tampoco es nuevo. No son, desde luego, las mismas formas de organizar y perpetrar la violencia pero sí son todas paramilitares, es decir, mala leche. Una vez que se apoderan de los puestos públicos, gracias al terror que logran inspirar, las bandas ilegales reanudan la extorsión, a la manera clientelista de la política tradicional, pero reforzada con el miedo que las masacres dejaron flotante en la fugaz memoria de la opinión pública. Es una metamorfosis de la violencia armada en violencia económica y social.

La verdadera victoria de la Seguridad Democrática es la consolidación paramilitar. Que fuera o no buscada es disputable. Pero que no ha sido evitada es cierto. Los combates contra los paramilitares los están realizando otros paramilitares. La “negociación” con los paramilitares puso sobre la mesa la parapolítica, un viejo vicio oculto de nuestra vulnerable democracia. Pero la victoria sobre la parapolítica está por verse, dado que su entronque con el narcotráfico la torna invulnerable. Se logra, en cambio, conservar y agrandar un modelo de gestión política y de desarrollo económico que mantiene la exclusión de las minorías étnicas mucho mejor que durante la Conquista y la Colonia. Y por el otro lado se logra también anular la protesta contra ese modelo de economía esclavista que privatiza el Estado y vuelve precario el contrato de trabajo. Dicha protesta encarnada en las manifestaciones populares y llevada al extremo violento por las guerrillas ha sido derrotada. Es el sentido profundo del triunfo de la Seguridad Democrática.

Por el lado de la tierra, el resultado de la victoria paramilitar, evoca también la Conquista y la Colonia porque sus primeras víctimas son los indígenas y los negros, los unos despojados de sus tierras y los otros secuestrados antaño, y despojados antaño y hogaño de sus tierras. Hoy a unos y a otros, reconocida en principio su dignidad humana, se les expulsa de sus tierras con violación de la legalidad vigente y de sus derechos a un trato digno. Esto ya no se hace en nombre de Dios y del Rey, como antaño, sino que en nombre del narcotráfico ilegal y de otros tráficos legales, los dioses y los reyes de hogaño. ¿Es una ganancia moral? No lo creo. En cambio sí creo que es un perfecto reacomodamiento del clientelismo, que se hace mucho más violento, y de la concentración de la tierra que logra desplazar al 14% de la población y quedarse con sus tierras. Estos tres millones de migrantes forzados son los dolientes del desacomodamiento y su clamor incomoda al cielo y a la tierra porque ellos perdieron la guerra sin haber tenido la oportunidad de lucharla para convertirse en las bajas de la Seguridad y los despojos de la Democracia.

Por: Alejandro Angulo S.J.

Tomado de: www.cinep.org.co
www.nocheyniebla.org

Ver en línea : http://www.nocheyniebla.org

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