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El Bloque Intelectual

Por: Por Claudia Julieta Duque

Lunes 9 de febrero de 2009

Se demoró casi seis años el señor presidente para lanzar una descalificación aún peor que la de septiembre de 2003 contra los defensores de derechos humanos ("escritores, politiqueros y defensores del terrorismo").

El contexto en esta ocasión fue la crisis que el propio gobierno desató con los sobrevuelos militares durante la liberación unilateral por parte de las FARC de tres policías y un soldado el pasado domingo. Los sofismas de distracción fueron la presencia de Hollman Morris en el lugar -desde hace seis meses Hollman está realizando un documental para History Channel sobre las guerrillas en América Latina- y el reporte de Jorge Enrique Botero a Telesur sobre las irregularidades que pusieron en peligro la misión humanitaria. El detonante final fueron las declaraciones del periodista Daniel Samper -accionista de El Tiempo, al igual que el ministro de Defensa y el vicepresidente- que confirmaban la gravedad de los hechos y el intento de sabotaje gubernamental a las liberaciones.

En Villavicencio el señor presidente acusó sin dar nombres, señaló con generalizaciones y estigmatizó nuevamente a ese 10 por ciento de ciudadanos y ciudadanas que según las encuestas no está de acuerdo con la "política de seguridad democrática" ni con la "confianza inversionista", ni con el hecho cierto y comprobado de los estrechos vínculos de una gran porción del uribismo con el proyecto paramilitar.

Nos llamó "bloque intelectual de las FARC" y advirtió que no nos atrevemos a descalificar al gobierno ni a apoyar a la guerrilla abiertamente como parte de la estrategia. Aseguró que vamos a Europa y a Estados Unidos a descalificar a Uribe por las violaciones a los derechos humanos cometidas durante su gobierno (un solo y reciente ejemplo: los "falsos positivos") y hablamos, oh pecado, de la necesidad de construir la paz en Colombia.

Con sus aseveraciones, una vez más, el señor presidente, quien ha juramentado sobre la Constitución Política de Colombia en dos ocasiones y ha prometido cumplir cabalmente con su mandato, desconoció la carta de derechos que, entre otras cosas, reconoce en su artículo 22 (y hasta con errores gramaticales) que "la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento".

Ni qué decir de los derechos a la libertad de expresión, pensamiento, opinión e información (artículo 20), o del artículo 123, según el cual "los servidores públicos están al servicio del Estado y de la comunidad; ejercerán sus funciones en la forma prescrita por la Constitución, la ley y el reglamento".

Poco le importan las leyes a este gobierno paranoico, que se asusta frente a periodistas como Hollman Morris, cuyo programa Contravía no ha alcanzado nunca más de 2 puntos de rating; que se amilana cuando un grupo de colombianos decide ejercer su derecho a buscar la paz y la libertad de otros conciudadanos secuestrados, ante la inacción gubernamental -lúcidamente explicada por Alan Jara durante su primera rueda de prensa, lo que le valió ser diagnosticado con el Síndrome de Estocolmo-.

Con su discurso, Uribe no sólo ha legitimado una vez más el uso de la violencia contra quienes se le oponen, sino que ha dado instrucciones claras para poner en marcha persecuciones judiciales, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias y hasta uno que otro insulto en los diferentes aeropuertos del país, como ya le sucede a Piedad Córdoba. O más amenazas, como las 50 que ha recibido Hollman Morris desde el pasado domingo.

Buena manera de plantear la democracia en Colombia, cerrándole el espacio a la expresión ciudadana en favor de la paz, descalificando el ejercicio del periodismo crítico y burlándose de un país que, por culpa de las FARC, ha elegido en dos ocasiones al actual presidente.

Bien decía Alan Jara que a la guerrilla le conviene Uribe porque genera crisis y división entre los ciudadanos, y a Uribe le conviene la existencia de la guerrilla. Sin ella ¿cómo podría el presidente descalificar y estigmatizar a ese diez por ciento que tanto le asusta? ¿cómo podría convertir en guerrilleros, de la noche a la mañana, a políticos de la oposición, periodistas, científcos, abogados defensores de derechos humanos, líderes feministas y hasta al movimiento de los LBGT?.

En la Casa de Nari, mientras hacen pactos subrepticios con el paramilitarismo y por pura buena fe envían aviones militares para amenazar las misiones humanitarias de liberación de secuestrados, hay quienes ruegan para que ninguna posibilidad de paz prospere en Colombia, pues la guerra es la única opción para un tercer período presidencial. Alan Jara decía que en la selva es el mundo al revés. Pronto entenderá que aquí también lo es.

Tomado de: www.radionizkor.org/colombia

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