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Una columna irresponsable

Por: Adam Isacson

Martes 15 de diciembre de 2009

Desde sus celdas en EEUU, los líderes máximos paramilitares a menudo escriben cartas y dan testimonios en los cuales ellos aducen que tienen relaciones de vieja data con altos oficiales del gobierno colombiano y del ejército. Rara vez, nosotros discutimos esas acusaciones solamente porque las fuentes son individuos con ejes políticos para apretar y con escaso record de decir la verdad.

El mismo estándar no se aplica a la ultraconservadora página de opinión del Wall Street Journal. En su edición del día de hoy, la columnista Mary O’Grady toma completamente el testimonio de un desmovilizado de las FARC sin cuestionarlo. En su columna, no sólo no verifica la fuente de sus acusaciones, sino que amenaza gravemente la seguridad de una comunidad y de las organizaciones que trabajan con ella. Eso es vergonzoso.

El gobierno colombiano hizo las gestiones para que la señora O’Grady entrevistara a Daniel Sierra Martínez, un desertor de las FARC que operó con el alias de “Samir”. El le dijo cosas muy problemáticas de la relación entre las FARC y la “Comunidad de Paz” de San José de Apartadó, una población en la región nororiental de Urabá que ha tratado de permanecer neutral y, como resultado, ha tenido más de 150 de sus miembros asesinados desde 1997, la mayoría por parte de los paramilitares, pero algunos por las FARC.

[La] comunidad de paz de San José de Apartadó, según Samir, no fue para nada neutral. Por el contrario, el dice, las FARC han tenido una relación cercana con sus líderes desde sus inicios. Samir dice que la comunidad de paz fue un paraíso seguro para los rebeldes heridos y enfermos y para acopio de implementos médicos. El también dice que los proveedores de las FARC se reunían con rebeldes en la población, donde siempre habían además cinco o seis miembros de Brigadas Internacionales de Paz.

Según Samir, la comunidad de paz ayudó a las FARC en su esfuerzo para señalar al ejército colombiano como violador de derechos humanos. Cuando la comunidad se alistaba a acusar a alguien por una violación de derechos humanos, Samir organizaba “testigos”, ordenado que miembros de las FARC, posando como civiles, rindieran testimonio.

Las acusaciones de Samir son serias, pero generan preguntas:

- ¿Cómo responde Samir a la vehemente negación de las acusaciones por la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, especialmente con una lista de personas que la comunidad lo acusa de haber ayudado a matar durante años?

- ¿Cómo era la presunta “relación cercana” de con los líderes de San José de Apartadó? ¿Las FARC se reunían con ellos? ¿A discutir qué? ¿Qué podrían haber recibido los líderes de la comunidad de su relación de las FARC como resultado de esa asociación? (Ellos claramente no recibieron ni riqueza ni protección)

- Si la guerrilla usó el territorio de la comunidad (que incluye muchos kilómetros cuadrados de tierra rural fuera del pueblo) para fines médicos o de abastecimiento, lo hicieron con el permiso de la comunidad? ¿Con el permiso de los líderes de la comunidad o simplemente de algunos miembros que violan los principios de la comunidad? ¿Se dio voluntariamente este permiso? ¿O lo hicieron de manera clandestina?

- ¿Por qué mencionar a Peace Brigades International, un grupo altamente disciplinado, de acompañamiento no violento, cuyos voluntarios siguen códigos rígidos de comportamiento y escoger a quienes acompañan?

- Hace mucho tiempo, la neutralidad declarada de la comunidad de paz de San José de Apartadó ha irritado a las Fuerzas Armadas y al gobierno de Álvaro Uribe. Intentos en el pasado de acusar a la comunidad de trabajar con las FARC –incluyendo las feas declaraciones después de la horrenda masacre de 2005– se han desbaratado cuando los hechos salen a la luz. ¿Está diciendo Samir la verdad, o está simplemente asintiendo a hacer parte de un montaje a cambio de una sentencia más benigna?

Una periodista real habría buscado repuesta a esas preguntas, o al menos, haber proporcionado más contexto, antes de dar a Samir acceso incontrolado a las páginas del Wall Street Journal. Sin embargo, periodismo real no es lo que Mary O’Grady está dispuesta a hacer. “Las ONG amigas de las FARC” es un trabajo de calumnia que amenaza la seguridad de personas que trabajan por los derechos humanos en una esquina muy peligrosa de Colombia.

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