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La Macarena: una alerta temprana.

Editorial Cinep, Alejandro Angulo Novoa S.J.

Jueves 9 de septiembre de 2010


La Macarena: una alerta temprana.

Alejandro Angulo Novoa, director del Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política del CINEP/PPP, analiza el informe sobre el Cementerio de La Macarena de la ONU y clama por que la impunidad tenga fin. 

A todos los colombianos: esta es una alerta tardía convertida en alerta temprana. Es tardía en cuanto que las 466 personas no pueden resucitar. Sus despojos mortales están en las tumbas y fosas comunes de La Macarena. Y es temprana en cuanto que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia, después de visitar el lugar, exhorta a una acción inmediata: “Para la Oficina es preocupante la falta de controles efectivos y registros adecuados frente a los reportes de personas muertas en combate, lo que plantea interrogantes sobre las circunstancias de su muerte. Esclarecer estos interrogantes es urgente, en particular, teniendo en cuenta los indicios sobre posibles casos de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones en La Macarena y municipios aledaños” (ONU-DD.HH. Informe sobre cementerio de La Macarena, Meta, 7 septiembre 2010).

Lo que el funcionario está diciendo es que hemos llegado en el país a un nivel preocupante de indiferencia frente a la muerte violenta, lo cual plantea serios interrogantes: “¿Donde encontraron el cadáver? ¿Quién encontró el cadáver? ¿Estaba muerto cuando lo encontraron? ¿Quién era el muerto? ¿Quién era el padre o la hija o el hermano, o el tío o la hermana o la madre o el hijo del cuerpo muerto y abandonado? ¿Estaba muerto el cuerpo cuando lo abandonaron?¿Estaba abandonado el cuerpo?¿Quién lo abandonó? ¿Estaba el cuerpo desnudo o vestido para un viaje?” (Pinter H., Arte, Verdad y Política, Discurso del Nobel, 2005).

Estos interrogantes del poeta son los que siguen hoy atormentando a un número incontable de familiares de las víctimas para quienes no hay la menor consideración, preocupando a un número incontable de victimarios que temen día y noche ser descubiertos, y ocupando a un número mínimo y con frecuencia escaso de jueces aterrorizados que no logran (los ‘trasladan’) o no quieren (los sobornan o los amenazan) despejar la impunidad. Lo que está sucediendo en torno a estos cadáveres es otro episodio de lo que aquí se ha denunciado con frecuencia como la eliminación sistemática de la justicia. De la parte oficial nos encontramos la ocultación de los hechos: no eran fosas comunes, eran tumbas sin nombres. Sí, tumbas anónimas en medio cementerio, pero y en ¿la otra mitad? Eran víctimas de la guerrilla. Sí, pero son más numerosas las de los militares y los paramilitares.

Con todo, el trasfondo más deletéreo es el juego de los falsos testimonios puesto en práctica por algunos miembros de las fuerzas armadas y de la policía para esquivar la justicia de sus hechos criminales. El Comisionado de la ONU insinúa en su informe que “considera necesario conocer si entre las personas enterradas en el cementerio se encuentran víctimas de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas u otras violaciones de los derechos humanos”. Es la forma diplomática de señalar que también él ha tenido noticias acerca de los jueces prevaricadores, de los falsos testigos y de la suciedad de esta farsa decadente y mortífera, como en el caso de Franklin Pérez Díaz, falso testigo que termina siendo víctima de su propio invento, porque no solamente no recibió la recompensa ofrecida por mentir ante el tribunal, sino que fue asesinado para despojarlo de ella y, de paso, prevenir que se pudiera llegar a la verdad.

La Fiscalía General de la Nación ha documentado estos desmanes actuales que llegan a empeorar desmanes pasados. Es una fuente oficial, que puede entablar una acción judicial contra los criminales de cuello verde. Pero, eso no basta, porque lo que han venido descubriendo los colombianos es que hay que llegar a los cuellos blancos y a las cabezas mismas de la nación si queremos que semejante estado de impunidad de los poderosos tenga fin algún día. Si nadie controla a los controladores, el edificio nacional seguirá siendo asaltado por los que se autoproclamaron sus propios dueños sin la menor consideración por los demás ciudadanos. Y en este asalto, como lo mostró la horrenda parábola del Palacio de Justicia, la única ley será la de tierra arrasada, porque se trata de una minoría a la que no le preocupa sacrificar la vida humana con tal de asegurar su riqueza y mantener sus privilegios. El cementerio de La Macarena es una alerta temprana, por si la queremos escuchar, de cómo se intenta sepultar en forma definitiva la idea de que las enormes riquezas del país puedan distribuirse entre toda la población.

Alejandro Angulo S.J.

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